A salvo en mi pedazo: tres defensas del espacio portal



“No hay lugar para el temor ni para la esperanza. Sólo cabe buscar nuevas armas”

Gilles Deleuze en Post-scriptum sobre las sociedades de control

1. JUGUEMOS EN LO ROTO. Es fácil quedar entrampado en una visión de país [personal, individual, coyuntural], principalmente porque ese tipo de perspectivas está hecho de fragmentos. Terminan pareciendo visiones duras y completas, pero la verdadera solidez de cada visión no le pertenece a la visión sino a cada uno de los pedacitos que la componen, como el suelo cubierto de gravilla en los parques infantiles.

Parte del goce que tiene la aventura de articular una visión de país es estar consciente de la movilidad que tendrán las bases de aquello que fundemos sobre los fragmentos. Para que una visión de país [personal, individual y coyuntural] trascienda los riesgos móviles de sus bases debe acercarse al suelo: atravesar la gravilla.

Lo que separa un pedazo del otro es un espacio portal: ese agujero aparente entre una piedrita y otra no es un vacío sino un tránsito. Luego de que nuestros tobillos arman esas cuencas para el sentido, ese espacio para vaciar nuestra visión de país [personal, individual, coyuntural], entonces lo direccional empieza a devenir dimensional: los caminos convirtiéndose en lugares.

PEDAZOS DE PAÍS (II) es una manera de acercarnos al suelo, un giro de tobillos como esos que hacen los niños sobre la piedra picada de los parques. A la vez que trasciende la gravilla, se acerca a la tierra erosionando cuanto sea necesario para que las huellas se marquen mejor y [de una vez] los fragmentos que ahora la delimitan estén más juntos y convertidos en un volumen más sólido. Referentes atomizados amontonados y convertidos en el borde de la huella nueva. Remanentes de la experiencia previa. Direcciones que se han vuelto pedazos de país.

2. PEDAZOS QUE SE JUNTAN. La dimensión ideal para compartir una visión de país [personal, individual, coyuntural] es el tiempo. La posibilidad de compartir este tipo de visiones es más poderosa cuando es traducida a un instante y no convertida en un paisaje. No es una trampa de sentido ni un juego de palabras: es la confesión natural de que los paisajes nos expulsan de ellos para poder mostrarse. Un paisaje es antes una distancia que una experiencia.

Una pieza de PEDAZO DE PAÍS (II) resulta útil para revivir las potencias metafóricas del mapa por encima de las del paisaje a la hora de compartir el territorio representado y, al mismo tiempo, recordar la primera vez que OFICINA #1 articuló varios pedazos de país. Me refiero a “Punto y línea sobre el plano (Educación petrolera y pedagogía Bauhaus), 2010-2012”, de Juan Pablo Garza y Carlos Sanva, y sus conexiones con la pieza de Ara Koshiro “Lección de historiografía” (2010).

Mientras la pieza de Koshiro pone en evidencia la vulnerabilidad de la representación, convirtiendo el mapa en desecho de eso mayor que representaba, Garza y Sanva han encontrado en la vocación repetitiva la posibilidad de un nuevo simulacro, igualmente representativo pero trasladando la metáfora al petróleo convertido en trazo. El desecho del territorio convertido en el trazo y una dirección concebida lúdica y azarosamente [gracias a un carrito a control remoto] convertida en espacio dicho, [re]presentado como un simulacro nuevo y feroz que mediante otra búsqueda [otras dirección] alcanza dimensiones alteradas colindantes con la pieza de Koshiro.

Recordando que nuestros tobillos hacían cuencas en la gravilla; deteniéndonos delante de un mapa con una lepra geopolítica que vulnera sus potencias pedagógicas; acusando el imposible comienzo del recorrido de un derrame petrolero plástico, lúdico y mecánico a la vez. Direcciones deviniendo dimensiones: la insuficiencia del camino que decide hacerse lugar.

Hay también entre el PEDAZOS DE PAÍS de 2010 y este PEDAZOS DE PAÍS (II) un espacio portal, un tránsito que no es una separación. Armar un pedazo de país es el principio de toda [re]fundación. El punto de tensión de las fronteras ?ese eterno asunto de los límites? es la ineludibilidad de lo colindante: cada pieza cifra unas coordenadas y toda coordenada es gimnasia imaginaria que nos separa del otro y de su visión de país [personal, individual y coyuntural].

3. PAISAJES QUE SE ACERCAN. También hay un espacio portal entre las mismas miradas. En la pieza de Suwon Lee de la edición anterior, “La ciudad más peligrosa del mundo” (2010), el derrame lumínico de Caracas era producto de un distanciamiento, la experiencia del tránsito temporal testimoniada en “El muerto no tiene dolientes” sustituye al paisaje por el momento permeable del incendio. El fuego logra transformaciones feroces cuando no hay nada que lo detenga. Es el peligro luminoso: mientras en la fotografía es geopolítico, porque demarca el espacio amenazante, el fuego testimonial del video evidencia la transformación de un objeto aparentemente inerte que, a medida que se consume, gana potencias alegóricas.

Cuando el contraste consigue ser una dirección en devenir dimensional, el corte limpio que genera el discurso plástico es demoledor. La participación de Ara Koshiro en esta edición con “Antónimos” (2008) colinda con los “Monumentos patrios de cuarta y quinta” de Hayfer Brea en la muestra de 2010, pero no en la obviedad de lo simbólico representado en los contrarios, sino en lo mismo que Déborah Castillo consigue articular en la fotografía “Lingotes”: las tres piezas vuelan de un solo golpe la posibilidad de las líneas de fuga, de las lecturas posibles, de la distracción. Evitan los desvíos y señalizan con claridad la manera de llegar a sus pedazos [re]fundados de país.

El desplazamiento del que mira, la irrupción de lo contemplado virada a favor del expulsado es una manera de poner en tensión el distanciamiento expulsor de los paisajes. El término en inglés [landscape] permite fabular con la idea de un territorio escapando de quien lo atrapa mediante los sentidos. Sin embargo, saturar de sentido esa experiencia puede precisamente desplazarla, sacarla de quicio. Un punto potente de este replanteamiento de la distancia está en los “Paisajes irreversibles” de Luis Romero y en una pieza que testimonia su intención fundacional: la fotografía de Paolo Gasparini, posiblemente uno de los primeros en interesarse por el paso del hombre por el paisaje como agresor. En la memoria del espectador que haya visto la primera edición recordará la pieza de Juan José Olavarría “De la serie Documentos de mi archivo personal (La Rotunda)” (2010). Lo fundacional siempre consigue residencia en lo memorable.

4. EN DEFENSA DEL ESPACIO PORTAL. Es gracias al espacio portal que los referentes pueden estremecerse, porque en el espacio portal estamos solos y somos vulnerables. En la primera edición de PEDAZOS DE PAÍS, Iván Candeo coló como por contrabando la “Bandera decreto de guerra a muerte 1813” (2010) en lo que parece el cotidiano exceso de una barra deportiva. En esta edición, el espacio referencial es más que una experiencia colectiva documentada: tanto las intervenciones de Erika Ordosgoitti en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas como la fotografía de Rafael Serrano deciden “paisajear” una nostalgia. No subrayan lo que se podría echar de menos de un espacio, sino que lo problematizan y sustituyen eso-ausente. El contrabando es la alteración de lo que recordamos, ahora saturado de sentido y fundando desde las potencias reflexivas y selectivas de la memoria de nuevos pedazos. Si un referente desaparece, satúralo y sustitúyelo para mantener el simulacro [y el referente].

Los referentes crudos también pueden sufrir estas alteraciones si se desnuda la relatividad de eso que creemos inamovible. El espacio portal entre la pieza de la edición anterior y esta nueva de Julián Higuerey lo evidencia: “Trabajo” (2010) podría recordarse como una manera otra de entender el levantamiento de un nuevo referente y lo inefable que resultaría si no se viera cada paso de lo hecho, mientras que la quema de una cantidad mínima de gasolina [que representa el volumen que se puede comprar en Canadá con la misma cantidad de dinero con la que se llena un tanque de combustible en Venezuela] es la disolución de la rigidez de un referente que para un venezolano puede terminar migrando hacia lo idiosincrático. La combustión de un referente no sólo como posibilidad, sino como un espacio trazado que puede ser revisitado hasta el exceso en su representación.

Cualquiera de los “Trailers venezolanos” (2012) de Iván Candeo sirve, además, para demostrar que la síntesis de un referente compartido también es capaz de fragmentarlo hasta imposibilitar al referente mismo: la pequeña porción de gravilla sustituyendo a la roca madre porque la recuerda y la representa eficazmente. Anclarse en la memoria deviene extravío.

Es en el desamparo de ese interregno referencial que es el espacio portal donde somos alterados. La zancadilla que nos dan estos nuevos fundadores “acontece” durante esa mudanza que es la lectura de una pieza y su anclaje a lo que ya sabíamos antes de llegar a ella.

5. SI ESTAMOS ROTOS, HAGAMOS ALGO CON LOS PEDAZOS. Estamos parados sobre piedra picada y lo que le da soporte a nuestra visión no son más que fragmentos juntos y sueltos. Somos los testigos del desconchamiento de un friso cuyas grietas iniciales nos daban carácter y ahora, venida abajo, se convierte en urgencia de memoria, en una delirante sed anamnésica, en una resaca de un exceso que cuesta recordar.

Si en el espacio portal somos vulnerables es porque lo que llevamos puesto para cruzarlo son referentes vulnerables. Si acordamos que “The tower” (1981) de Rolando Peña funciona dentro de este diorama alterado como un enlace con interpretaciones constantes de nuestra fragmentación, esa torre petrolera se convierte en una alegoría extractora. Así esa torre de Peña socava el recuerdo del ejemplar alterado de Oficina No. 1, de Miguel Otero Silva, con que Bishenry Rivas participó en la edición 2010, ahora Christian Vinck utiliza “Retrato Petion” (2012) para sacar de nosotros referentes también alterados: Michael Jackson, Pedro Camejo y Prince nos son ordeñados como combustible referencial en una taladrada al desplazamiento de lo revisitado, de lo sabido, de lo memorable.

Quizás por dinámicas similares es que los remanentes [eso que sobra] parecen estar bordeando cada pieza de este PEDAZO DE PAÍS (II), cuando asistimos a un derrumbe que empieza a traducirnos. Lisa Blackmore con “Naturaleza muerta: Foro Libertador” (2012), acusa cómo la fragilidad de lo simbólico es mucho mayor que la de lo fragmentario. Incluso esos acuerdos colectivos y abstractos que son la patria, los emblemas y la efeméride tienen un revés que se levanta crítico y expulsante del que mira. Revés-paisaje, quizás, capaz de poner en tensión el ejercicio de la contemplación y subvertirlo, reduciéndolo a Revés-instante, y con eso traduciéndolo una y otra vez en quien mira y, para poder mirar, recuerda.

Aunque en el caso de las ediciones de PEDAZO DE PAÍS quizás el verbo correcto sea “trascordar”, ese verbo que está a caballo entre recordar y olvidar, y que puede conjugarse desde la posibilidad de perder la noticia puntual de algo, en ocasiones a drede o por confusión con otra cosa, con otro recuerdo. Una manera poética de leer re-cordar es “devolver al corazón”, así que si la memoria no tiene cómo dolerse, entonces devuelve al músculo insensato aquello que amerite ser bombeado de nuevo. Es el cuerpo, es la naturaleza recuperándose. O es la pieza de Hayfer Brea, “Desidia: Reconquista de la naturaleza o la pérdida de la memoria” (2012) conminada a ser otro de estos pedazos, de estas visiones generadoras de gravilla potente, de mágica piedra picada, de basamentos rotos de memoria. Cada visión de país [personal, individual y coyuntural] es, también, mutante. Mutante e inesperada.

Estamos sobre fragmentos, pero fragmentos comunes. Gire sus tobillos y vea con cuáles regiones terminan colindando nuestros nuevos basamentos. Hunda los pies, taladre cuanto pueda, y junte lo necesario para su visión de país. Personal. Individual. Coyuntural. Atravesemos este espacio portal con el goce de la vulnerabilidad. No pongamos la esperanza en lo completo porque no hay que temerle a los pedazos: cayeron de nosotros.

Willy McKey